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Los jóvenes en el Acto de Apertura 2001
Las mujeres jóvenes que llegamos al SUM no somos ajenas a la explotación, a la flexibilización laboral, ni a la rebaja de los salarios. Las mujeres que llegamos al SUM somos parte de las mamás - solteras o no - que mantenemos nuestros hogares con ínfimos recursos, a razón de dos pesos por día. Las mujeres que llegamos al SUM no tenemos acceso, como la mayoría de los argentinos. a una educación libre, gratuita y de nivel para todos, en un país donde capacitarse y aprender ha dejado de ser un derecho para pasar a ser un privilegio. Entonces ¿ sirve en medio de este modelo de hambre y exclusión, recibir la oportunidad de estudiar y contar con un ingreso, tal vez mínimo pero seguro, durante casi dos años?
Claro que sirve. Sirve y mucho para quienes lo recibimos porque es un paliativo frente a tanta violación de derechos, a tanto ajuste, a tanta represión , a tanta discriminación.
Cintia Flores becaria ciclo 1999/ 2000
Llegamos al SUM de la mano de alguna institución que nos recomendaba. Sabíamos que íbamos a recibir una ayuda económica para capacitarnos, y en principio pensábamos que era lo más importante. Con el tiempo aprendimos que el Programa de Becas se divide en dos partes de igual valor: la contención económica permite desarrollamos en una actividad con salida laboral y la contención afectiva que se centra a en nuestros problemas. en la forma de resolverlos y de mejorar nuestra calidad de vida.
Los dos años que fuimos elegidas para participar en el Programa son impagables. Obtuvimos un título que nos capacita en algún oficio y una forma renovada de afrontar los problemas que la vida suele plantear. El Programa de Becas nos dio el papel y el lápiz para que nosotras podamos diseñar un proyecto de vida y ampliar nuestras fronteras de inserción social y laboral.
Es nuestro deseo que otras jóvenes tengan la posibilidad de hacerlo.
Becarias salientes del ciclo 1999/ 2000
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